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  • Historia de una botella de diseño

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    Javier Garduño nos cuenta cómo desarrolló con su estudio el packaging del premiado vino L’Amphore.

     

    Hoy os relatamos la historia de una botella de diseño, la del vino L´Amphore. Se trata de un proyecto muy especial, en el que la enóloga María Alfonso ha trabajado durante nada menos que una década. Lo importante es saber, por un lado,  que está elaborado y criado dos años en barrica de roble y seis en tinajas de barro; por otro, que el autor de su nada habitual envase es el zamorano Javier Garduño. Su diseño le ha valido los premios Pentawards y Liderpack este año. Nos ponemos al habla con él para que nos explique la historia de una botella de diseño a la altura de las particularidades de este vino.

    Historia de una botella de diseño Amphore

    Un vino de diseño elaborado en tinajas, tan moderno como artesanal.

    El primer vino de ánfora

    Sin duda, la gran característica diferencial de L’Amphore es que se trata del primer vino elaborado en ánforas, enterradas aproximadamente 10 años en tierras de la bodega Viñas Zamoranas. El haber evolucionado en un medio natural presta notas especiales a sabor. Es una edición limitada, fruto de un complejo proceso prácticamente artesanal.

    Y Javier, conocido diseñador de esa misma tierra, recibió el encargo de reflejar todas estas particularidades en un envase de vidrio único. “María vino al estudio al haber visto nuestros trabajos en internet, a pesar de ser de la misma zona no nos conocíamos personalmente”, explica el diseñador. “Nos contó el proyecto con un entusiasmo y una pasión que merecían lo mismo por nuestra parte. Ella nos pidió un diseño de packaging que fuera espectacular y que a su vez representara este vino tan característico. Nos puso el listón bastante alto, ya que nos pidió algo diferente de todo lo que hubiera en el mercado”.

     

    Historia de una botella de diseño vino de ánfora

    Las ánforas son claves en la evolución del vino L’Amphore y le dan un sabor característico.

     

    La botella que sale del barro

    La inspiración vino, tras mucha reflexión, del propio barro. Los responsables del estudio quisieron que el envase diese la impresión de que salía directamente de él. Con esta idea, se pusieron manos a la obra. “Cerca de Zamora está Pereruela, un pequeño pueblo muy conocido por su barro refractario. Allí tenemos un conocido que es alfarero. Le expusimos lo que queríamos hacer. Le pedimos barro molido de distinto grosor para hacer pruebas. La mayor dificultad era cómo íbamos a pegar el barro en la botella. Fue entonces cuando se nos ocurrió mezclarlo con lacre para que cogiera la misma textura que las tinajas. En unas cuantas pruebas dimos con la fórmula”.

    Historia de una botella de diseño vino barro

    Cada botella se “adorna” con barro a mano, de forma que cada envase es único.

    Entre los detalles más reseñables del diseño final está el hecho de que se lacraron la cabeza, el cuello de la botella y, también, la base, con una forma irregular. Y siempre a mano, como se hace con las tinajas, por lo que eso cada botella es distinta.

     

    Un envase de vidrio para tocar

    Javier prosigue: “Después de ver cómo quedaba de espectacular el barro, decidimos poner el nombre con tipografía Times New Roman mayúsculas. Los precursores de la elaboración del vino en tinajas fueron los romanos y con eso ya era suficiente. El nombre está serigrafiado en oro en la botella para darle ese toque premium. Al igual que los datos legales en la parte trasera”. Al fin y al cabo, como señala el especialista, “este es un vino de estantería de tienda especializada, que convive con muchos otros vinos. Queríamos que tuviese algo que incitara a acercarse. Por eso, cuando ves el barro inmediatamente se te va la mano, lo que hace que esta botella te llame la atención de otra manera aparte de la visual”.

    Aparte de la botella, el estudio también creó unas cajas de madera para tres y seis botellas, tipo estuche. Con una serigrafía que muestra únicamente el logo.

    Javier confiesa que trabajar con el vidrio reporta muchos placeres. “Para mí es el material más camaleónico que hay, por eso es mi favorito. Da sensación de barato, de caro, de antiguo, de moderno, transparente, de color. Se deja hacer cualquier cosa, etiquetar, pintar, serigrafía… y todo le da el aspecto que quieres conseguir”.

    Nuestro entrevistado también insiste en la importancia creciente de utilizar un packaging diferenciador en el mundo del vino. “Ahora mismo, para la primera compra de un producto, yo diría que un 90% lo adquiere por el packaging. Luego ya entrarían otras variantes, como precio, gusto, etc… pero en un lineal, junto con otros productos similares, está claro que en igualdad de condiciones o incluso siendo un poco más caros los que tengan mejor packaging serán los elegidos”.

    Historia de una botella de diseño Javier Garduño

    La historia de una botella de diseño que hizo del barro un elemento premium.

  • Brosmind, botellas únicas

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    Los oscenses hermanos Mingarro son unos apasionados del cómic, el humor y la fantasía, tres conceptos que no dudan en aplicar a la hora de diseñar botellas de vino originales. Decimos diseñar pero perfectamente podríamos hablar de ilustrar, un concepto que se adapta mejor a la labor de Brosmind.

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    Los multipremiados Juan y Alejandro Mingarro tienen su base en Barcelona, y desde allí Brosmind se ha encargado de las botellas de diseño de Spanish White Guerrilla o de Libalis, vinos de las riojanas Maetierra. Unos vinos de diseño con unas botellas totalmente diferentes, aunque con la misma firma.

    libalis

    En el caso de la colección Spanish Wine Guerrilla encontramos tres etiquetas bien diferentes según el vino: albariño, verdejo o sauvignon blanc. El patrón común es el protagonismo de la etiqueta, diferentes tipos de guerrillero pero con ese toque tan característico de Brosmind.

    work_guerrilla

    Por su parte, en Libalis Maetierra nos ofrece un mismo formato, una inacabable escena de momentos cotidianos con el mismo protagonista: el vino. La diferencia está en el color de la etiqueta, que cambia con cada caldo. Así, en el Libalis blanco encontramos una etiqueta de tonos morados, el Dry Libalis es verde y en el Libalis Rosé Brosmind apostó por un color rosado.

    Su trabajo es fresco y optimista, y no pueden faltar los toques de humos y fantasía, tal y como demuestra su trabajo con Moruba.