Sidra: esa manzana tentadora y saludable

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La sidra es muy antigua. Su nombre viene del hebreo shekar (bebida embriagadora) y ya se disfrutaba en el imperio Asirio-Babilónico, 600 años antes de Cristo. Por aquel entonces se consideraba beneficiosa por sus propiedades diuréticas, antidiarreicas y en la prevención de infartos.

Ahora conocemos aún más virtudes de esta bebida alcohólica elaborada con el zumo fermentado de la manzana. Diversos estudios demuestran que esta fruta es anticancerígena, gracias al factor protector de los polifenoles que contiene. Los antocianos regulan el ácido úrico y tienen mucho que ver con su poder diurético. El ácido málico de la manzana activa la función de los riñones y evita la acumulación de ácido úrico. Por ello, previene la gota y las piedras en el riñón.

También posee potentes antioxidantes: catequinas y quercetina. El consumo de manzana reduce el desarrollo de cáncer de colon y recto y, en mujeres, el cáncer de pulmón.

Según estudios de la Universidad de Florida, el alcohol de la sidra, unos 30 gramos por botella, reduce el colesterol LDL (colesterol malo) un 23% y aumenta un 4% el colesterol HDL (el bueno). Además, el calcio y el potasio presentes en ella contribuyen a mantener niveles óptimos de presión sanguínea, por lo que previene ataques cardíacos.

La cualidad antidiarreica de la manzana, por la cual es muy popular, se debe a la pectina, una fibra soluble que se encuentra en la piel y la pulpa. Es capaz de retener agua y así ralentizar el ritmo intestinal.

El vidrio es el mejor elemento a la hora de preservar todas estas cualidades. Un recipiente saludable para una bebida cargada de beneficios… que, eso sí, nos favorecerán siempre y cuando se disfrute con moderación. No se debe consumir más una botella al día.

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