La botella que naufragó

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Quien se encuentre esta temporada en Girona o en sus cercanías tiene la oportunidad de visitar el monasterio de Sant Pere de Galligants, que acoge la curiosa exposición Deltebre I. Historia de un naufragio. En ella se reúnen los restos recuperados de un barco inglés que se hundió frente al delta del Ebro en el siglo XIX; concretamente, en 1813. Entre ellos está el detalle que más nos interesa: una botella de Fondillón, que sobrevivió al desastre intacta y perfectamente sellada. Formaba parte de un cargamento de vino que salió de Alicante y que nunca alcanzó su destino.

Naugrafo

Los responsables de la DO Alicante que analizaron el envase supieron lo que contenía utilizando una jeringuilla. El Fondillón, un vino dulce elaborado exclusivamente con uvas monastrell, era en ese período histórico uno de los vinos favoritos de la realeza. Abundan las referencias a él en relatos de Alejandro Dumas, William Shakespeare, Daniel Defoe o Emilio Salgari. También era un remedio contra el escorbuto, por lo que los marinos lo apreciaban mucho. Dejó de consumirse hace un siglo aproximadamente, debido a la plaga de la filoxera, pero algunas bodegas de esta DO trabajan actualmente en su recuperación.

El navío en cuestión ha suscitado mucho interés, ya que es uno de los pocos que se han encontrado bajo las aguas en territorio catalán y que no ha sufrido el expolio por parte de los cazatesoros. Fue descubierto en 2008 de forma accidental, cuando un pescador que faenaba en la zona se dio cuenta de que sus redes se habían quedado enganchadas con él. Los sedimentos del Ebro lo habían mantenido enterrado y oculto hasta entonces. Según las averiguaciones, pertenecía a un grupo de 18 embarcaciones que, en plena Guerra del Francés, tenía como objetivo frenar el suministro galo y dividir la Península en dos, posibilitando una ofensiva aliada. Pero la empresa fracasó y cinco naves embarrancaron en las proximidades del delta.

La exhibición, de 110 metros cuadrados, trae al siglo XXI la narración de las costumbres y avatares de los marineros del XIX y excita la curiosidad por ese dulce vino rescatado del lecho marino. Desde aquí animamos al lector a saborear este capítulo de la Historia con un trago de Fondillón y a contribuir a sacarlo de las profundidades del olvido.

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