¿Qué es la enfermedad de la botella?

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Los vinos pueden sufrir un problema muy común a causa de un viaje. ¡Calma!, tiene solución.

 

“Enfermedad de la botella”, ¿existe? Afecta al contenido, haciendo que pierda propiedades. También se habla de “shock de la botella“, “bottle-shock”, “bottle sickness”. O de “travel shock” y “mal de la botella”. ¿De verdad un envase de vidrio puede sufrir un shock? Pues resulta que sí, y es más normal de lo que parece. Generalmente ocurre debido a un viaje. La buena noticia es que este mal suele ser transitorio.

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Las botellas pueden entrar en shock y hacer que el vino pierda matices.

 

Cómo se produce la enfermedad de la botella

Durante el transporte de los vinos, si los envases se agitan demasiado se puede producir este estado de shock. Parece ser que los caldos más viejos son los más proclives a sufrirlo. Otro momento peligroso es justo después del embotellado. Hay que decir que muchos especialistas opinan que esta enfermedad es, en realiudad, una leyenda urbana. No obstante, otros recomiendan dejar descansar el vino después de un traslado y antes del descorche.

No olvidemos que el vino no deja de estar “vivo” de algún modo. Sus elementos se encuentran en continua evolución. Por ello, ha de ser sometido a cuidados específicos mientras se elabora y se guarda. Por tanto, reacciona a los cambios de entorno. Esto sucede durante el embotellado, al pasar de la barrica o el depósito al envase de vidrio. Químicamente, la explicación sería esta: el caldo se ve expuesto al oxígeno, lo que provoca una serie de cambios. Precisa un tiempo para poder asentarse, de modo que pueda procesar este oxígeno. Dicha etapa de alteración es la que se conoce como shock o enfermedad de la botella.

Se dice que en ese momento, el vino se pone “tímido”. Esto también puede suceder si ha de atravesar una gran distancia en condiciones extremas de temperatura o movimiento. Las consecuencias de tal estado se reconocen tanto en el color, que se ve menos limpio, como en su mal olor. Si se prueba, se detectará cierto amargor. Pero no conviene asustarse de entrada…

 

La cura de las botellas en shock

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El mal de la botella se produce, normalmente, por un viaje en condiciones extremas de movimiento y/o temperatura.

Un buen descanso, que obra milagros con todos los seres vivos, es lo indicado también para los vinos que sufren este trastorno. Según consejo del personal de algunas bodegas, después de un viaje la botella debería reposar entre tres y seis semanas. Otros especialistas recomiendan que el período sea de ocho semanas.

Otro tratamiento posible, especialmente si detectamos que el vino no huele bien, es airearlo o decantarlo. Dicha alteración en el aroma se debe, posiblemente, a una oxidación por el oxígeno disuelto en el contenido del recipiente.

El vino es delicado y cada uno precisa de unos cuidados concretos. Las condiciones del entorno en el que se conserva le afectan. En este caso, la cura existe. Pero nunca está de más tener precauciones para mimar adecuadamente un producto tan especial.

 

About the Author

Rosalía del Río

Periodista y experta en comunicación. Responsable de marketing y comunicación para diferentes clientes de gastronomía, alimentación, vino, diseño, entre otros. Competencias digitales y SEO.

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